1. La prueba del tubo
Cualquier pieza que quepa entera dentro de un tubo de papel higiénico —unos 4 cm de diámetro— es un riesgo de atragantamiento para menores de tres años. Es la prueba más rápida y la más útil: sirve para el juguete completo, para sus accesorios y para las piezas que puedan desprenderse.
Vale la pena hacerla también con juguetes de hermanos mayores que van a estar en la misma casa. La mayoría de los sustos ocurre con piezas que no eran del niño pequeño.
2. El compartimiento de las baterías
Es la revisión más importante de todas. Las baterías de botón, las planas tipo moneda, causan lesiones graves si se ingieren, y no siempre hay síntomas inmediatos. La regla es simple: el compartimiento debe abrirse con destornillador, nunca a presión ni deslizando una tapa con la uña.
Si el juguete es para un niño pequeño y la tapa se abre sin herramienta, es motivo suficiente para dejarlo en el estante. Si ya está en casa, revisar que el tornillo esté apretado forma parte del mantenimiento normal.
Urgencia. Si existe la sospecha de que un niño tragó una batería de botón, hay que ir a un servicio de urgencias de inmediato, sin esperar síntomas y sin provocar el vómito.
3. Cordones, cintas y correas
En juguetes para menores de tres años, cualquier cuerda de más de 20 cm merece atención, sobre todo si el juguete va a estar en la cuna, el corral o el coche. Lo mismo aplica a las cintas decorativas de los peluches y a las correas de los juguetes de arrastre.
Si el cordón es imprescindible para el juego, la solución es reservar ese juguete para momentos supervisados y guardarlo fuera de la zona de dormir.
4. Materiales, pintura y olor
Tres señales que se aprecian sin instrumentos:
- Olor fuerte a plástico o solvente al abrir. Un olor penetrante que no se va en un par de días al aire es motivo para desconfiar del material.
- Pintura que se raya con la uña. Si se desprende con presión moderada, terminará en la boca del niño.
- Bordes y astillas. En madera, pasar la mano por cantos y perforaciones; en plástico, revisar las líneas de unión del molde.
En textiles, buscar costuras dobles y ojos bordados en lugar de apliques pegados. Un peluche con ojos de plástico a presión no es apto para menores de tres años por más que la caja diga otra cosa.
5. La etiqueta y el importador
Un juguete que se vende legalmente en Colombia debe traer información en español: identificación del fabricante o del importador, edad mínima recomendada y advertencias de uso. Una caja sin ningún dato en español, o con una etiqueta adhesiva que tapa la información original, es una señal de alerta.
Conviene guardar la factura y el empaque durante los primeros meses. Si el producto resulta defectuoso, la factura es lo que permite reclamar la garantía ante el vendedor; y si el vendedor no responde, la Superintendencia de Industria y Comercio es la entidad que atiende las quejas de los consumidores en el país.
6. La revisión que se repite en casa
La seguridad no termina en la compra. Cada cierto tiempo —cuando se ordena el cuarto, por ejemplo— vale la pena dedicar diez minutos a:
- Apretar tornillos de tapas de baterías y de juguetes de madera.
- Retirar piezas rotas con bordes cortantes en lugar de intentar pegarlas.
- Lavar textiles según la etiqueta y revisar costuras abiertas.
- Sacar de circulación lo que ya no corresponde a la edad del niño más pequeño de la casa.
Este mismo repaso encaja bien con la rotación de juguetes: mientras se guarda un grupo y se saca otro, se revisa el estado de cada pieza. Y si aún no sabes qué corresponde a cada momento, la guía por edades lo desarrolla franja por franja.